
Si el Castillo de Belmonte es la corona que domina el horizonte, la Colegiata de San Bartolomé es, sin duda, el corazón espiritual que late en el centro de la villa. Erigida en el siglo XV sobre los restos de una antigua fortaleza visigoda y una mezquita, esta imponente iglesia es un monumento de visita obligada, un auténtico museo de arte sacro que sorprende al visitante por la riqueza que alberga en su interior. Su construcción fue impulsada por Don Juan Pacheco, Marqués de Villena, el mismo visionario que levantó el castillo, consolidando a Belmonte como un centro de poder religioso y político en la Castilla de la época.
Desde el exterior, la Colegiata impresiona por su robustez, mezclando elementos del gótico tardío con la sobriedad defensiva de su torre. Sus diferentes portadas nos hablan de su historia: la Puerta del Sol, con su arco gótico florido, daba la bienvenida a los fieles, mientras que la Puerta de los Perdones servía de acceso en ceremonias solemnes. Pero es al cruzar el umbral cuando se comprende la verdadera magnitud de este templo.
El interior, de planta de salón con tres naves de igual altura, crea una sensación de amplitud y luminosidad sobrecogedora, típica del gótico castellano. La mirada se eleva inevitablemente hacia las bóvedas de crucería, cuyas nervaduras se entrelazan como un bosque de piedra sobre las cabezas de los visitantes. El Retablo Mayor, una espectacular obra barroca, preside el altar, pero la joya más preciada de la Colegiata se encuentra en su coro.
Hablamos de la sillería del coro, considerada la más antigua de España en su estilo. Tallada en madera de nogal en el siglo XV, es una obra maestra del gótico-mudéjar. Cada asiento, cada misericordia, está decorada con una minuciosidad asombrosa, representando escenas bíblicas, criaturas fantásticas, sátiras sociales y motivos heráldicos. Es un libro abierto de la mentalidad medieval, un trabajo de ebanistería que deja sin aliento.
Pero los tesoros no terminan ahí. La Colegiata alberga la pila bautismal original donde, en 1527, recibió el sacramento uno de los escritores más universales de la lengua española: Fray Luis de León. Este hecho vincula inseparablemente a Belmonte con la cumbre del Siglo de Oro español. Además, las capillas laterales, fundadas por las familias nobles de la villa, contienen impresionantes retablos, tallas y pinturas, destacando la Capilla de la Anunciación con su delicada rejería.
Visitar la Colegiata de San Bartolomé es, por tanto, mucho más que visitar una iglesia. Es realizar un recorrido completo por la historia del arte y de la fe en Castilla, desde el gótico hasta el barroco, y entender el poder y la piedad de los hombres que construyeron este paraíso medieval.